Cuando tu hijo adolescente dice te odio

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Cuando descodificamos sus palabras, es mucho más fácil darse cuenta de que no se trata de nosotros.

¿Recuerdas los días de las rabietas de los niños pequeños? Les pedíamos amablemente que no tiraran de la cola del perro y ellos respondían con un torrente de lágrimas y un esfuerzo por tirar de la cola sólo una vez más. Por suerte, un gran abrazo o un rápido juego les ayudaba a seguir adelante. Pero sabes ¿qué hacer cuando tu hijo adolescente dice te odio?

A lo largo de los años hubo más crisis. Algunas parecían irracionales, casi todas parecían agotadoras. Pero sabíamos que era normal. Nos dedicamos a asentir con la cabeza y a mirar con devoción al pequeño que pierde los papeles en el centro comercial, al padre que espera mientras su hijo se niega a salir del coche en el colegio o al hijo de nuestro invitado al almuerzo que grita que no quiere lo que hemos preparado para desayunar.

Y entonces llegan las palabras que nos paran en seco: «Eres la peor madre del mundo. Te odio». Aunque puede que hayas recibido un «te odio» en los primeros años, el escozor parece mucho mayor cuando viene de alguien que se acerca a tu misma altura.

Su lenguaje es más sofisticado y su comprensión de la realidad es mucho mayor que a los 3 años. Así que tiene sentido que cuando sus palabras nos apuntan a nosotros, pueda sentirse como un pelotón de fusilamiento dirigido a nuestros corazones.

Cuando tu hijo adolescente dice te odio

Es un momento emocionalmente confuso. El bebé al que cuidamos y acunamos para que se duerma acaba de decirnos que somos un asco, lo que suscita sentimientos de vergüenza y duda. Las palabras provienen de un adulto enfadado y pueden parecer amenazantes.

Dependiendo de nuestro estado mental y de nuestra experiencia vital, podemos huir a la autocompasión o ponernos los guantes de combate y contraatacar. Ninguna de estas opciones es especialmente útil en ese momento.

Crianza en adolescentes
Respirar profundamente ayuda a centrarse y a responder de forma asertiva.

Lo que puede ser útil, es mirar más allá de las palabras en sí, hacia el significado que hay detrás de ellas. Aunque el paquete es más grande que a los 3 años, lo que hay dentro puede ser perfectamente lo mismo: «Me siento fuera de control y no estoy seguro de qué hacer, así que voy a lanzarte palabras para mantenerte comprometido. Quiero saber si estarás aquí incluso cuando muestre lo peor de mí».

Cuando descodificamos sus palabras, es mucho más fácil darse cuenta de que no se trata de nosotros, sino de su propia lucha por superar un reto. Al igual que tú eras el destinatario de su mal humor y de sus crisis después de haber aguantado todo el día en el colegio, sigues siendo el lugar más seguro para dejarlo todo suelto.

Todos lo hacemos en nuestros espacios más seguros. En caso de que lo dudes, piensa en cómo nos presentamos con nuestras parejas al final de un largo y difícil día.

Aceptar a nuestros hijos, con todas sus verrugas, no significa que tengamos que ignorar nuestras propias heridas. Lo que sí podemos hacer, es cuidar de nosotros mismos en el momento, modelando cómo se pueden manejar las grandes emociones de una manera que no dañe a los demás.

¿Te preguntas cómo es esto?

Prueba estos pasos:

Respirar profundamente

Esto nos ayuda a centrarnos y responder intencionadamente en lugar de reaccionar y echar leña al fuego.

Reconocer su dolor

Podría ser con estas palabras: «Vaya, lo entiendo. Ahora mismo estás muy enfadado conmigo».

Poner nombre a su dolor

«Esas palabras realmente dolieron y me siento herido».

Habla con la parte de ellos que se siente poco amable

«Te quiero pase lo que pase».

Modela el cuidado de tí mismo

«Vamos a hacer una pausa y volveremos a hablar de esto cuando estemos tranquilos. Voy a dar un paseo para calmarme un poco».

Resuelve el problema

Cuando tu hijo adolescente dice te odio: al estar realmente tranquilos -es decir, cuando hayan pasado al menos 20 ó 30 minutos- vuelve al problema y abórdalo en equipo.

Parece fácil, pero es una habilidad como cualquier otra. A veces podremos pasar por este proceso con facilidad; otras veces, esos puñales de palabras de nuestros hijos nos enviarán a la lucha o a la huida antes de que podamos siquiera reconocer lo que está sucediendo.

Cuanto más practiquemos el amor por ellos, incluso cuando nos muestren lo peor, más podremos practicar el amor por nosotros mismos cuando también lo perdamos. Cuando cometemos errores, podemos reconocer nuestro propio comportamiento y reparar las heridas que causamos, ayudando a nuestros hijos adolescentes a aprender a hacer lo mismo.

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