Por qué el movimiento es importante en el primer año de vida

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el movimiento es importante en el primer año de vida
La libertad de movimiento fomenta las habilidades cognitivas del bebé.

El movimiento es importante en el primer año de vida para el desarrollo de las habilidades de movimiento y la comprensión del mundo. Para todas las parejas que esperan un bebé, éste es el primer signo tangible de la nueva vida. Cuando el recién nacido experimenta su primer día de vida, los padres y el equipo médico buscan la reacción de los reflejos innatos. Se trata de las primeras expresiones del niño en un viaje que está inextricablemente ligado a una serie de habilidades físicas.

La transición del vientre materno a los brazos de los padres/cuidadores se ve apoyada por diversas costumbres. En algunas culturas, los bebés son envueltos en mantas para recrear la condición de vida antes del nacimiento. En otras, se sumerge al bebé en el agua para que sienta la libertad de flotar mientras estira todos sus miembros.

Importancia del movimiento en el primer año de vida

No solemos pensar en la importancia de la libertad de movimientos durante el primer año de vida, ya que nos centramos en la alimentación y el sueño del bebé, y en su seguridad general. Sin embargo, es fundamental para el desarrollo de todo niño: la columna vertebral necesita desplegarse y fortalecerse; las manos y los pies empiezan a explorar y conocer su nuevo hogar.

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Al permitirle al bebé moverse, demostrará su individualidad e interés por el entorno.

Libertad

Al igual que Frédéric Leboyer, autor de Nacimiento sin Violencia, que inspiró a toda una generación de padres al escribir sobre los primeros días de vida, María Montessori, en su Secreto de la Infancia, también aboga por dar a los recién nacidos la mayor sensación de libertad posible desde el momento del nacimiento, al tiempo que se establece un estrecho vínculo con el primer cuidador.

Con la ayuda de las extremidades empezamos a apreciar los sabores, los olores y las texturas de nuestro entorno; la mayoría de los objetos que descubre un bebé también los experimenta con la boca. A medida que el bebé crece, la necesidad de moverse aumenta, ya que los giros y los movimientos más controlados de la cabeza le dan nuevas oportunidades de conocer el mundo.

Tener la libertad de practicar estos movimientos proporciona una progresión esencial hacia el deslizamiento por el suelo y la capacidad gradual de gatear y sentarse antes de levantarse, ponerse de pie y finalmente dar los primeros pasos.

Un entorno seguro

Es importante que los cuidadores principales y los profesionales de la primera infancia creen un entorno óptimo para los bebés desde el momento de su nacimiento, ya que las oportunidades de movimiento están estrechamente relacionadas con el rápido desarrollo de sus capacidades cognitivas.

En realidad, debemos pensar no sólo en su seguridad, sino también en las facilidades que tienen los bebés para crecer en competencia física, lo que les proporciona mayores oportunidades de conocer el mundo a través de los sentidos y desarrollar conexiones vitales en el cerebro.

Colocar los objetos deseados justo al alcance de un bebé, para que tenga que estirarse y enfrentarse al reto de alcanzarlos, es una de las mejores estrategias para fomentar el desarrollo físico en el primer año de vida. Garantizar que el bebé esté vestido con ropa cómoda que no restrinja su libertad de movimientos es también una consideración importante, al igual que la posibilidad de explorar el suelo sin restricciones.

En estas condiciones, somos testigos de una verdadera determinación y una necesidad imperiosa de moverse, tanto dentro del hogar como en el jardín o el parque. Cuando se le pone en una manta sobre el césped, el bebé no tarda en explorar la hierba y todo lo que puede encontrar en ella.

Acompañamiento

Sin embargo, muchos accesorios para bebés están diseñados para restringir los movimientos naturales y contenerlos: cunas, tronas y sillas de coche. Y aunque la seguridad debe ser siempre lo primero, debemos dar a todos los bebés oportunidades de moverse libremente, lo que revelará las primeras expresiones de su individualidad y su interés por el entorno.

La observación atenta llevará a los padres/cuidadores y a los profesionales a una comprensión más profunda del enorme potencial de aprendizaje de los bebés, y a oportunidades para nombrar y compartir las experiencias de los niños y establecer relaciones tempranas basadas en el respeto de las necesidades individuales.

Una mayor movilidad, que suele ir acompañada de niveles crecientes de habilidades físicas como sentarse y gatear, también supondrá una mayor vigilancia por parte del adulto. Sally Goddard Blythe, en su libro The Well Balanced Child (El niño equilibrado), explica la estrecha relación que existe entre el movimiento y el desarrollo del cerebro y se centra en los vínculos que se establecen entre el lado derecho y el izquierdo del cerebro en los movimientos laterales cruzados que se producen cuando los bebés gatean y suben escaleras, o juegan a los pases con los adultos o con compañeros más capaces.

Dar a los bebés oportunidades de moverse y explorar libremente su entorno inmediato, sin duda, alimenta sus habilidades cognitivas, mucho antes de que pensemos realmente en el aprendizaje formal. Por ello, el movimiento es importante en el primer año de vida.

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